15 de junio de 2015

Cuando cerró La Fabriquera de calle 2 pensé que comenzaba un nomadismo sin retorno y así con esa convicción salimos a tomar la ciudad. De Tolosa a Meridiano V y del Mondongo a La Loma recorrimos las calles haciendo teatro y bailando en cualquier piso. Monté un teatro en un Falcón, di clases en el bosque, plazas, estudios de amigas, de amigos, actuamos en centros culturales, en salas de rock, bibliotecas y  museos, habitamos bares, sótanos, altillos, andenes, monumentos históricos, vagones y casas en demolición. La Fabriquera dejó de ser  un espacio que nos  contuvo por 15 años y se convirtió en algo parecido a cuando uno habla de patria y se va de viaje. Soy de “La Fabriquera” lo explicaba todo.

Pasaron más de cinco años y descubro que nuevamente construimos un teatro dentro de un Galpón. Digo descubro, porque montada a una escalera interminable como el palo mayor de un barco, veo que hay un teatro, como quien ya no ve tierra y navega mirando las estrellas en el medio del mar.

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