Bailar en carne viva (por Daniela Camezzana)

Inaugurando la temporada del TACEC, la obra EIR parte de una leyenda para buscar la verdad en escena.

Por Daniela Camezzana

Sin dudas, Iris Scaccheri fue una personalidad arrolladora. Porque pocas personas lograron lo que ella, meterse de lleno en la escena de la danza contemporánea argentina con más preguntas que respuestas y salir del escenario en andas del público por calle Corrientes. Durante los ´60 y ´70 recorrió los principales escenarios del país desde el Colón hasta el Di Tella, se convirtió en la musa inspiradora de artistas como Antonio Berni, Nicolás García Uriburu, Antonio Pujia y fue fotografiada por Sara Facio o Susana Thénon. Pero un día se retiró y desapareció para siempre de la escena pública. Es por esto que cuando la directora Marina Sarmiento decidió participar de este homenaje, se encomendó a una tarea tan complicada como capturar un fantasma.

“Al volverse inaccesible, sólo podemos conocer lo que dejó visible y flotando” cuenta la directora sobre el proceso de la obra EIR que se podrá ver hoy y mañana a las 21 en el TACEC. “La verdad es que arranqué de cero porque nos separan cuatro generaciones. La conocía de nombre como un ícono de la danza que se había destacado en su época porque era una de las pocas solistas. Entonces para encarar esta obra durante todo diciembre y la primera semana de enero fue puro trabajo de mesa, nos abocamos a la investigación teórica y recopilación de material.” A través del archivo de prensa del Centro Documentación del Teatro San Martín, el libro recientemente editado Brindis a la danza de Iris Scaccheri, el que recopila las fotografías que Susana Thénon le sacaba en escena y contados videos de sus obras recostruyeron una parte. Pero fueron fundamentales las entrevistas a las personas con las que supo tener una relación como Julio Mancini, Walter Di Santo, Cristina Banegas para darle entidad a la persona más allá de la leyenda.

La rigurosidad y avidez con la que el equipo de EIR exploró la historia, lejos de resultar un factor condicionante les permitió tener más herramientas para reconstruir su mundo sensible. Recrearlo demostrando que el lenguaje no siempre tiene que partir de la ruptura con lo que lo antecedió. Porque como había expresado Scaccheri por aquel entonces “creo que esta es una época de puente: algunos esperan, otros repiten cosas, otros muy pocos, que saben que nadie se va enterar, intentan la transición. Sí, desgraciadamente yo soy una de esas personas… siempre es maravilloso ser mediador entre cosas, pero el mediador después queda aparte…” Hasta ahora que una intérprete pone su cuerpo en escena para dialogar con ella y recuperar su impronta.

La historia. Más allá del proceso creativo, para Marina repasar la historia de Iris le permitió pensar la danza como un compromiso que también va más allá de la escena “caí en cuenta que no tenemos una historia de la danza argentina contada por nosotros. Existen esfuerzos aislados o estudios salpicados y por eso una figura como Iris Scaccheri increíblemente queda medio perdida. A partir de EIR tomé conciencia de lo importante que es contar con materiales sobre lo que pasó, más en un arte tan efímera como el escénico. Hasta ahora conservar el patrimonio queda en un acto voluntario, cuando debería estar enmarcado en una política cultural de conservación. Conocer la historia no sólo posibilita estos homenajes, sino como herramienta para repensar la producción hoy en día.”

La cita. Sin embargo más allá de la investigación, Iris está presente en la escena por ausencia y en cuanto más se persigue su retrato se ven más presentes los caminos particulares por los que la intérprete Lucía Savloff la convoca. Marina cuenta que “la búsqueda de la intérprete no fue ingenua. No tenía ganas de convocar a alguien que fuera sólo virtuosismo técnico, quería alguien que tuviera además otra información que pudiera poner en escena. Lucía viene de la plástica y toma herramientas de eso como de su propio mundo privado para alimentar la obra. De entrada nos dimos cuenta que Iris Scaccheri es irrepresentable, entonces supimos que teníamos que buscar que su intensidad.” En la obra se narra eso el cuerpo como un espacio posible de encuentro entre esas dos mujeres.

Para Marina esta obra fue un desafío porque “es la primera vez que hago una obra vinculado a otra persona y para mí pensar como tomar esa información para realizar un proceso creativo que tenga autonomía fue todo un tema. Me empecé a preguntar cómo citar porque las obras de Iris más vinculadas al expresionismo alemán, tiene una forma que ahora nos es muy distante. Pero su expresión e intensidad en el escenario es algo que no vemos frecuentemente. En el fondo creo la reacción del público, que llegaba a que se la llevaba en andas por la calle después de una función, es porque ella generaba algo especial. Algo que, por otro lado, vengo laburando como búsqueda en todos mis trabajos y que es un gran interrogante para la danza en general que asocia lo escénico no como una representación o categorías sino como la posibilidad de estar atravesados por.” En este caso una fuerza arrasadora que guía a la intérprete a buscar la transformación como algo personal y en carne propia.

(*) Fuente: Diario Diagonales. Sábado 3 de marzo de 2012. http://diagonales.infonews.com/nota-174988-Bailar-en-carne-viva.html

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