El arte de la celebración

 

Por Daniela Camezzana

 

Desde el ´95, año en el que La Fabriquera abrió sus puertas por primera vez emplazado en una antigua carpintería en calle 2 entre 41 y 42, el espacio funcionó como un bunker resistencial donde se armó una especie de laboratorio cultural, donde los miembros del grupo se reunían para experimentar pero que también recibía a otros artistas con la misma necesidad de un espacio de búsqueda. La directora Laura Valencia, una de las fundadoras del grupo, contaba que ese espíritu estuvo presente incluso en la elección del nombre, “me habían contado que Fabriquera era el nombre que se le daba a las operarias, a las obreras del frigorífico Swift despectivamente. Me gustó porque era un nombre que tenía que ver con fabricar, pero remitía a un lugar más artesanal. No era un fabricante de zapatos, era un fabriquero/a de cosas un poco más raras o no materiales. También hay muchos recuerdos de la infancia de ir a Berisso y ver en el camino esos tanques de YPF. Entonces diseñamos la entrada con esa chapa que remite a Berisso y Ensenada pero que puede ser al mismo tiempo una nave espacial o silo. Queríamos darle una impronta de orillera”

Esa impronta no sólo se instaló en la fisonomía del lugar sino que fue tiñendo el modo de hacer las cosas que transita por distintos lenguajes como el teatro, la danza y la música sin preguntarse hasta dónde llega se trata de uno u el otro. Ese espacio en la orilla fue para el grupo un lugar de pertenencia, que la situación de emergencia que significó la venta de la casa en el 2008, lejos de desdibujar al grupo provocó que el mismo emergiera.

Según Valencia, la ausencia de la casa “me permitió descubrir que La Fabriquera somos muchísima gente con nuestras características, maneras de construir, de pensar que nos identifica y una manera de funcionamiento que inventamos donde ya el aglutinante no era el espacio físico. Ahora somos como un pueblo nómade. En lo personal, este estado itinerante me permitió salir un poco de la ostra, más bien me obligó y una vez en la calle se me presentó el desafío de apropiarme de la calle. Fue un aprendizaje completamente nuevo que en este momento nos permite trabajar en cualquier lugar donde podamos permanecer lo suficiente como para poder imaginar. Entrené mucho la capacidad de concentración y muy por delante el deseo y la voluntad.”

Desde entonces el grupo comenzó desarrollar propuestas como “Danza a la deriva” o la “Caja Ambulante”, ambas presentadas en la 5ta. Muestra Ambulante, donde no sólo se toma un lugar para ser habitado por los seres que habitan este mundo sino que al mismo tiempo se conforma una parada, una estación en el relato global de La Fabriquera. Laura cuenta que “sin dudas me permitió hacer nuevos recorridos en la ciudad, en ese movimiento encontrarme con personas de otros lugares del país que están viviendo acá. Además fue muy grato encontrar siempre disponibilidad para trabajar en los espacios de otra gente, como la Grieta, La Casa o ahora Al Triángulo de Mamichula”.

Los 15 años los encuentra en movimiento y de alguna manera irrumpen en esta marcha. Según Valencia la sugerencia de hacer una retrospectiva llegó desde afuera “pero la idea entró a mi cabeza y prendió. Primero me sorprendí pensando que debía invertir el sentido o la dirección de mis pensamientos en relación a la producción para enfocar hacia atrás. Me cuestioné si esto era lo que quería hacer, pero después me fui entusiasmando y tomé la idea como propia. Porque en realidad mirar atrás, no fue mirar para atrás sino entrar y salir de lugares de la memoria. Editar momentos, con mucho permiso y emoción. La retrospectiva es una manera de mirar el camino transitado y hacer una reflexión sobre lo hecho. Buscar la manera de traer al presente lo que está presente, corporizar lo que está en el terreno de las ideas, poner el cuerpo y convocar otros cuerpos para reconstruir este pasado común. El teatro y la danza te presentan esa dificultad que es también una posibilidad”. La Retrospectiva contempla la programación de varios trabajos entre los cuales se encuentra obra teatral Expulsados, estrenada en el 2000 y que 10 después reúne el equipo de trabajo, con su músico y sus actores en palabras de su directora con “varios objetivos imposibles: resistir el fin, resucitar a un muerto, entrar dentro del vestuario”. Y al mismo tiempo celebrar el reencuentro.

Cuenta Laura Valencia que a la hora de ponerse a trabajar la primera hipótesis fue versionar la obra adaptándola a la actualidad “pero me di cuenta que quería que fueran exactamente igual que el original. La ilusión de ir a buscar a un baúl olvidado la obra y que ahí se encuentren los actores, intactos, envueltos en celofán y con el disquito que tiene el texto en el pecho. Convoqué a los actores del primer elenco y también a algunos actores nuevos, este cruce de personas fue una muy buena experiencia para mí también y creo para todos. Apareció algo que no tenía previsto que era la transmisión verbal de la experiencia. Contarles a los que no estuvieron, cómo había sido la cosa. Y también intentar recuperar con otro que no estuvo la versión que yo imagino, que recuerdo, la más fiel al original”.

Entonces la retrospectiva funcionó como una guía para conducir a los que estuvieron presentes y a los que se hacen presentes actualmente a un lugar en la historia de La Fabriquera y fundamentalmente el de la pertenencia.

 

Fuente: El arte de la celebración por Daniela Camezzana. Diario Diagonales, 20 de noviembre de 2010 (http://www.elargentino.com/nota-115161-El-arte-de-la-celebracion-.html)

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