Retrospectiva 18: Altibajo

foto: Gustavo Gómez García

Altibajo es la obra de improvisación teatral que ya cuenta con 4 años en cartel y que es llevada adelante por Cabe Mallo y Fernando Massobrio. Noches de humor en las que el público es quien determina las acciones que desarrollarán los artistas.

foto: Mario Ruiz

Altibajo en La Fabriquera (2007):

Se dijo sobre Altibajo:

No son el gordo y el flaco… Son el alto y el bajo, pero igual confirman la teoría de que los opuestos se atraen. Y, en este caso, que atraen -y mucho- al público que quiere divertirse. Cabe Mallo y Fernando Massobrio son dos amigos y actores que se conocen hace media vida y han trabajado juntos otro tanto, la mayor parte del tiempo dentro del género de la improvisación, que es donde parecen sentirse más cómodos. Sin embargo, no son ningunos improvisados: ambos tienen una amplia formación en las tablas, y se han capacitado en técnicas de “impro” y clown.

En Altibajo están completamente solos y despojados en un escenario de fondo negro; a veces hay unas sillas y algunos otros elementos. Pero la obra son ellos, que se someten a los destinos que el público propone con sus temas escritos y tirados en una bolsa. “Infidelidad”, “amistad”, “novela”, son de las pautas más lógicas que pueden salir. Pero la mayoría de las cosas que escribe el público son tan absurdas como “caída libre”, “café colombiano” y otros delirios a los que ellos le ponen el cuerpo y, sobre todo, mucho humor, a través de la improvisación. El público se divierte. Y se nota que ellos también se divierten.

Cuando decimos que no son ningunos improvisados, hablamos de la extensa trayectoria que tienen ambos. Cabe Mallo es actor, docente, director de teatro y profesor y licenciado en Artes Plásticas, egresado de la facultad de Bellas Artes de la UNLP.

Se formó con Vivi Tellas, Miguel Pittier, Rubén Szuchmacher. Como actor participó en Los Falsarios, Museo Oculorum, Circo Lorca, Sueños, No Hay Rumbo, Mar de Fondo, entre otras obras. Y dirigió Los Frutos, Los Niños Viejos, Solsticio de Trigales. Es docente teatral desde 1995, dictando cursos en nuestra ciudad, capital federal y España. Desde hace catorce años enseña entrenamiento actoral, clown e improvisación.

Massobrio, por su parte, es actor y fotógrafo. Estudió Comunicación Audiovisual en la facultad de Bellas Artes de La Plata de la UNLP, y se dedicó a la fotografía. Pertenece al staff de la Comedia de la provincia de Buenos Aires y es reportero gráfico del diario La Nación. Se formó en técnicas de clown con Ricky Berhens.

Los caminos teatrales de “el Cabe y el Masso” se cruzaron cuando integraron el grupo de varieté Disisissss (1989/92) y luego siguieron juntos en el elenco de Match de Improvisación (2000/05), del que Mallo fue el instructor. Pero dejemos que hable él, el “bajo”:

¿Cómo surgió la idea de Altibajos?

Yo venía improvisando solo desde el 2002. Surgió esto un poco a la fuerza. Estaba en España dando unos cursos en Andalucía por segunda vez y acá era el verano de De La Rúa. Al no tener efectivo virtual, salí a improvisar solo por primera vez. Y le tomé el gusto… Al volver, le dí forma a “Hombre al H2O” y lo empecé a hacer por aquí. En 2004 se diluye el Match de Improvisación Teatral (versión 1.0), y en 2006, un poco aburrido de tanta soledad, le digo a Masso de tomar el formato de “Hombre…” y hacerlo en dúo. Desde entonces hicimos funciones en La Fabriquera, la sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino, Galpón de Encomiendas y Equipajes del grupo La Grieta, Teatro Estudio de La Plata y Nicola Club de Berisso, entre otros lugares.

Ustedes son una dupla infalible. ¿Por qué?

Lo de Altibajo no es sólo por la relación entre nuestras estaturas. Somos falibles. Pero nos conocemos hace años…

¿Por qué crees que la gente se divierte tanto con la improvisación cómo género?

Sencillamente porque como dice Robert Gravel: “Nada está predeterminado”.

¿Qué escenas pegan más en el público: la de gays, la de tontos, las de telenovela latinoamericana? ¿Por qué?

Supongo la respuesta ocurrente sería que las de gays tontos en una telenovela latinoamericana, porque como dice Keith Johstone -y sigo citando grandes teóricos de la Impro- se suele anclar con facilidad en la ideas obscenas.

¿Qué relación tienen fuera de escena? ¿Son amigos?

Sí, somos amigos. Nos conocemos desde la época en la que cursábamos en el Colegio Nacional. Luego formamos Disisissss, junto a Sergio Gaitán y José Minuchín; grupo pionero en La Plata en Varieté y Clown. Y después estuvo el Match… Supongo que la química que tenemos se debe a la amistad, al tiempo y al trabajo (1).

foto: Gustavo Gómez García

También se dijo:

Ya en la Edad Media, los “histriones” improvisaban, es decir, componían de pronto -“impromptu”- sin estudio ni preparación previa, confiriendo así a sus representaciones la frescura de la espontaneidad. Improvisar es anclarse en el aquí y ahora, saber dónde se arranca pero no dónde se llega, “una técnica de actuación donde el actor representa algo imprevisto, no preparado de antemano, e inventado al calor de la acción”, en palabras de Patrice Pavis (“Diccionario del Teatro”)

Puesto a improvisar, a repentizar, el actor debe estar relajado, receptivo, fluir con la propuesta, sin filtros ni censura, respetando la consigna pero dejándose llevar por lo que va apareciendo, por lo que se le va ocurriendo, y -si son más de uno- aceptando la devolución del compañero e incorporándola a la acción. Se construye sobre la marcha, paso a paso, sin texto, sin planos ni mapas, de sopetón, “haciendo camino al andar”.

Fernando Massobrio y Cabe Mallo, el alto y el bajo del espectáculo, improvisan a partir de temas propuestos por el público, escritos previamente en papelitos que los actores sacan al azar. Títulos como: “Dolor Lumbar”, “Cosas que no se deben hacer en la primera cita”, “Sala de Guardia”, “Arturito en el planeta de los Polinos”, “Charlie y la fábrica de leche”, fueron algunas de las bizarras sugerencias de los espectadores, a quienes también se les pidió votar para ir eliminando cuadros, hasta elegir el preferido y redondearlo a gusto y “piacere” de los intérpretes.

“Altibajo” resulta muy divertido, tanto para los que lo hacen como para los que lo miran. Es desestructurado, irreverente, muchas veces políticamente incorrecto, siempre ocurrente e ingenioso, vivo, de primera mano, nuevo a estrenar, y ésa tal vez sea la clave de por qué convoca a jóvenes, edad promedio 20 años, que no son “habitué” a un tipo de teatro más convencional y ortodoxo.

Actuar es jugar, jugar al “dale que” de infancia, al “como si”, jugar a ser otro, a estar en otro lugar y otra situación. El inglés -“play”-, y el francés –“jouer”- lo expresan mucho mejor que nuestro idioma, pues aluden a esa cualidad lúdica de la representación teatral. Y la improvisación, aunque esté sujeta a ciertas reglas que los mismos “jugadores” estipulan previamente, es un juego absolutamente libre, en el que vale todo.

Cabe Mallo, va mechando los tópicos propuestos, con otros ejercicios muy graciosos, que explica pormenorizadamente antes de ejecutar.

Imposible no sentir cierta nostalgia por aquellos memorables y multitudinarios “matches” de improvisación, también capitaneados por “el Cabe”, en el viejo Galpón de la Comedia, en los que dos equipos, de aproximadamente 10 miembros cada uno, competían, con sus referees y ayudantes, y el público elegía al ganador. Hacemos votos por su “rentrée”.

“Altibajo”: una propuesta diferente, fresca y desenfadada, para pasar un muy buen rato (2).

foto: Mario Ruiz

Elenco:

  • Cabe Mallo
  • Fernando Massobrio

Asistencia general: Florencia Cariello y Daniela Valenzuela

Dirección: Cabe Mallo

Entre el 2006 y el 2008, Altibajo se presentó en La Fabriquera en numerosas oportunidades.

foto: Gustavo Gómez García

(1) Fuente y nota completa: Ningunos improvisados, por Cecilia Famá. Suplemento Cubo, 10 de julio de 2009 (http://www.eldia.com.ar/cultura/ampliar.aspx?id=203)

(2) Fuente: “Altibajo”: Improvisa – dos, por Irene Bianchi. Diario El Día, 18 de septiembre de 2008 (http://www.eldia.com.ar/catalogo/20080318/espectaculos21.htm)

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